Compartiendo vivienda sin relación familiar

Escrito por Juan Gomez De Laserna

Abogado de familia y colaborador en medios especializados



La convivencia entre personas sin relación familiar, conocida como roommate o flatsharing, se ha vuelto una práctica común por razones económicas, sociales o de movilidad. Este artículo explorará los desafíos y beneficios de compartir vivienda, ofreciendo consejos útiles para una convivencia armoniosa.

¿Qué es la vivienda compartida sin parentesco?

La vivienda compartida sin parentesco que es un concepto que ha ganado relevancia en los últimos años, donde individuos que no tienen lazos de sangre o legales deciden vivir juntos. Este modelo de convivencia es una respuesta a la necesidad de encontrar soluciones habitacionales más asequibles y al deseo de contar con compañía en el hogar sin necesariamente formar una familia tradicional.

Transformación de hogares: la vivienda ya no es solo familiar

La transformación de hogares se refiere a la evolución en las estructuras y conceptos de vivienda. Ahora, una vivienda no es necesariamente solo un espacio familiar. Se ha convertido en un lugar de trabajo, un centro de aprendizaje, un espacio para la recreación y mucho más.

El mundo moderno ha visto un cambio hacia formas de vivienda más flexibles y adaptativas. Las viviendas ahora se adaptan a una variedad de necesidades y estilos de vida, desde individuos solteros hasta familias grandes y comunidades de vecinos.

Algunas de las tendencias clave en la transformación de hogares incluyen:

  • Viviendas multifuncionales: estas viviendas están diseñadas para servir múltiples propósitos. Por ejemplo, una casa puede tener un espacio que sirve como oficina, gimnasio, sala de estar y comedor, según sea necesario.
  • Viviendas compartidas: este concepto ha ganado popularidad, especialmente entre los jóvenes y los estudiantes. Permite a las personas compartir costos y recursos mientras viven juntas.
  • Viviendas para personas mayores: estas viviendas están diseñadas para satisfacer las necesidades específicas de las personas mayores. A menudo incluyen características de seguridad y comodidad, así como servicios de atención.

Estas transformaciones reflejan una mayor importancia en la personalización y adaptabilidad en la vivienda. Las personas ya no ven la vivienda simplemente como un lugar para dormir, sino como un espacio que puede adaptarse y evolucionar para satisfacer sus necesidades cambiantes.

Debate sobre la propiedad de la vivienda tras separación o divorcio

La distribución de la propiedad de la vivienda en caso de divorcio o separación depende en gran medida de las leyes de propiedad en el lugar de residencia y del tipo de divorcio.

Propiedad común: En algunas jurisdicciones, todos los activos adquiridos durante el matrimonio se consideran propiedad común y se dividen equitativamente en caso de divorcio. Esto podría significar que la vivienda se vende y los beneficios se reparten, o que uno de los cónyuges compra la parte del otro.

Propiedad separada: Si la vivienda fue adquirida por uno de los cónyuges antes del matrimonio o como herencia o regalo, puede ser considerada propiedad separada y permanecer con ese cónyuge después del divorcio.

Acuerdo de divorcio: Independientemente de la ley, los cónyuges pueden llegar a un acuerdo sobre la propiedad de la vivienda en su acuerdo de divorcio. Esto podría involucrar a un cónyuge que retiene la vivienda y compensa al otro cónyuge con otros activos.

Consideraciones adicionales: Las consideraciones adicionales pueden incluir quién se quedará con la custodia de los niños, si corresponde, y cuál es el interés financiero de cada cónyuge en la vivienda.

Es importante recordar que cada situación es única y que estas son generalizaciones. La orientación de un abogado puede ser útil para entender cómo se aplicarán las leyes locales a su situación específica.

Vivir con alguien sin una relación familiar puede ser un desafío, pero también una experiencia enriquecedora.
Comunicación es clave. Habla abiertamente sobre tus expectativas, horarios, tareas de limpieza, visitas, etc. para evitar malentendidos.
Establece normas claras desde el principio y respétalas. El respeto mutuo es fundamental. Recuerda que estás compartiendo un espacio con otra persona, por lo que debes ser considerado con sus necesidades y deseos.
Por último, mantén los espacios comunes limpios. Nada genera más conflictos que la falta de higiene. Y, en caso de problemas, trata de resolverlos de manera adulta y respetuosa.
Compartir vivienda puede ser una experiencia increíble que te permita crecer como persona y hacer nuevos amigos. ¡Disfrútala!



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