Cuándo imputar los gastos a la empresa, aunque tengas “Tarjeta Black”

              A raíz de la polémica generada como consecuencia del uso indiscriminado de las “Tarjetas Black” de Caja Madrid, y sintiéndome un tanto apesadumbrado por el hecho de que no se hayan entendido bien las intenciones de estos simpáticos directivos, que no debían ser otras que mejorar la conciliación de la vida familiar y laboral (tal y como se viene haciendo en los países más avanzados para conseguir una mayor motivación de los empleados), he decidido escribir este artículo para que todas estas personas, de gran espíritu y superlativa materia, puedan aprender gratuitamente (sin utilizar tarjeta alguna) cómo y cuándo se deben imputar los gastos a la sociedad y, de esta forma, no tengan que volver a pasar por este desagradable trance.

               Los Gastos Personales no se pueden imputar a la Sociedad, es una manía que tiene Hacienda. Si se decide imputarlos y Hacienda lo detecta, considerará que la sociedad no puede deducirse estos gastos, ya que no pertenecen a la actividad. Por lo tanto, nos exigirá la correspondiente cuota del Impuesto sobre Sociedades no ingresada, así como una sanción que puede llegar a ser de hasta el 150% de dicha cuota. Además, Hacienda computará estos gastos como un dividendo a favor del socio (se considerará como un reparto tácito de dividendos), por lo que el socio tributará en su IRPF por dicho ingreso a un tipo impositivo entre el 21% y el 27%.

 

                Cuando utilicemos la Tarjeta de Empresa, hay que intentar que sea sólo para los gastos de atenciones a clientes relacionados con la actividad. Unas pautas a seguir a la hora de utilizar esta tarjeta podrían ser; que los gastos sean razonables y proporcionados a la actividad desarrollada; que no se utilice en comercios, ya que estas operaciones llaman la atención; y, además, que no se utilicen en días festivos, ya que los inspectores tienden a pensar que los días no laborables, efectivamente, no trabajamos.

 

                Si los gastos imputados a la empresa resultan excesivos y claramente ajenos a la actividad, los contabilizaremos como un préstamo que la empresa ha otorgado al socio, y lo reintegraremos lo antes posible, ya que si mantenemos estos saldos, por una parte devengan intereses y, por otra, los bancos puede que nos pongan problemas a la hora de financiarnos, ya que no les gusta que el patrimonio de la sociedad se destine a financiar a los socios, en lugar de destinarse a inversiones productivas para el negocio. Si decidimos no contabilizarlos como un préstamo, y mantenemos estos gastos como si fuesen de la empresa, estaremos asumiendo un importante riesgo frente Hacienda, además de desvirtuar los números de la actividad, lo que, a su vez, también puede dificultar el acceso al crédito bancario.

 

                Por último, recordar que en cualquier caso el gasto deberá justificarse con el tique o documento correspondiente para que pueda ser deducible. Éste servirá de soporte para su contabilización, siendo necesario el archivo del mismo hasta que prescriba el periodo en el que puede ser reclamado por Hacienda.

 

                En resumidas cuentas, confío en haberme expresado con la suficiente diligencia como para lograr la correcta instrucción de estos castos directivos de Caja Madrid. Para asegurar su completa comprensión, termino con estos cuatro axiomas:

  • Es evidente que no se debe engañar a Hacienda.
  • Es evidente que hay gente que sí lo hace (o lo intenta).
  • Es evidente que si lo haces, tienes que intentar que no te pillen.
  • Y es evidente que si te pillan, lo importante son dos cosas: por un lado, que hayas robado lo suficiente como para pagarte un buen abogado y, por el otro, que lo niegues todo, aunque parezcas todavía más ignorante de lo que ya eres.

 

Manuel Francés

Director Ejecutivo en Íntegra Asesores